El origen de la filosofía en Occidente data del siglo VII a.C en Jonia y en las ciudades griegas al sur de Italia, donde los denominados presocráticos: Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, Pitágoras, Anaxágoras, Leucipo, Demócrito, Parménides, Empédocles, asumen una actitud de asombro, maravilla y curiosidad frente a la naturaleza del hombre y del universo por lo que su pregunta fundamental podría expresarse en términos de ¿Cuál es el arjé de la physis?.
Esta pregunta representaba el interés de encontrar el principio, fundamento y finalidad del “todo”, es decir, tanto lo físico como lo metafísico. Así, su reflexión se dirigía en torno a postular una realidad primera – primordial, viviente y única que diera razón del cómo nace el mundo y el origen de la naturaleza, considerando que los mitos no dan las razones, es decir, que no involucran el logos para establecer sus explicaciones.
En esta dinámica, cada uno de los filósofos presocráticos, plantean ese principio y fundamento de acuerdo a un proceso orientado desde la observación, el razonamiento y las especulaciones lógicas. Tales entonces, considera que el principio es el agua o lo húmedo (to hygrón); Anaximandro lo denomina con el llamado apeiron, considerándose este como lo indefinido e ilimitado; Anaximandro considera que el principio de todo es el aire (hálito); Heráclito lo considera como el fuego, asumiendo que las cosas se hallan en perpetuo flujo y cambio; Parménides lo asume como el “ser”; Pitágoras, los números; Anaxágoras denominándolo como el Nous; Empédocles como las cuatro raíces o cuatro elementos (aire, fuego, agua, tierra), que se encuentran regidos por dos fuerzas o principios, el unificador y el separativo; Leucipo y Demócrito denominados en la Filosofía Antigua como los Atomistas, consideran que el arjé se refiere a pequeñas masas de materia que físicamente son indivisibles y que ellos han denominado como “los átomos”.

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